Francesca Woodman, la primera fotógrafa "anti-selfies"

La estadounidense Francesca Woodman se ha convertido en una de las artistas más estudiadas e influyentes de su época. 

Nació en una familia de artistas (su madre, era escultora; su padre, pintor; su hermano, videista), y desde joven experimentó con el blanco y negro, con la iluminación y el autorretrato. 

Pero no tuvo, en su juventud, los resultados que esperaba. La falta de oportunidades en el mundo del arte, y los problemas emocionales severos, la llevarían a un cuadro depresivo que provocaría su muerte en 1981. 

Su fama, llegaría unos años después. La primera gran revisión de su obra se haría en 1986, y de ahí en adelante, su trabajo iría tomando una cierta notoriedad que la consagraría como una de las fotógrafas de comienzo de los ochenta.

El trabajo de Francesca Woodman tiene un aura fantasmal cuyo protagonista suele ser ella misma. Tiene una cierta fascinación con su cuerpo. Su rostro aparece y desaparece, se funde y transforma, como un espíritu, como un ángel. La artista se fotografía a sí misma, pero a la vez se esconde. El entorno, los objetos, los muros se van apoderando de su cuerpo y lo muestran en un tono de melancolía y de angustia.  En su trabajo se siente la muerte. Y podríamos pensar que fue una antesala de su suicidio, por la oscuridad y desesperanza que proyecta.

Para algunos expertos, ella fue la primera artista anti-selfie, porque en su autorretrato el cuerpo se anula a sí mismo.

Para ti, ¿podrían catalogarse estas fotografías de Francesca Woodman como anti–selfies?

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